La inocente viajera, la cual acaricia las cosas por su supuesto nombre.
Solo ella conoce la soledad y las mentiras, propicias de las flores.
Cree, ella cree.
Pero la pregunta es: ¿Acaso importa?, ¿Acaso importa lo que crea, si tiene el poder de al menos
creerselo?
Si tan solo se diera cuenta que en eso consiste toda cuestión existencial. En su singular finitud.
Y mas aun en la consciencia de ella.
Cuando ese día llegue dejará de autoconvencerse a través de su lirica y podrá observarse en los demás, sin tiempo y sin máscara.
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