Apretamos los dientes, nos damos aquél sorbo febril. Aguzemos el paso cuesta abajo, cuesta abajo. Todo movimiento se siente chabacano, como animal rompiéndose en el silencio, entre neblinas.
Se oye el reviente de pasos a la lejanía, pero algo nos jala a lo más profundo de las calles, de su festín de paredes, cortantes piedras preciosas; de sus ventanas abiertas , que te arrancan suspiros y ni ha...blar de sus techos resbaladizos, chorreantes de silbido dulce, que se nos vienen trepando distantes por las pupilas.
Los preludios de las melodías andariegas se me pegan incansables, cánticos al amor y a la guerra me besan el cuerpo .Otredad misteriosa, voz de voces, ‘Que me voy’ te digo y escuche que te dije. ¡Ay de mi! Esta noche, que me creo infante y río de los hilvanados y deshilvanados del momento.
Tu cuerpo se aleja, adelantándoseme sabio, alba de todos los fuegos.
La piel brillante, mis amigos andaluces tropiezan rabiosamente felices por la mañana encendida. Me escucho en el canto, en la fresca ventisca. Todo se ha calmado. Caminamos entre los comercios ambulantes, que todos los sábados despiertan en las calles. Fieles como nosotros a los aires embebidos de tierra y ambar. Deambulan las voces como miradas, como pies y manos.