Sacudón a la mente viva. Intermitencia rigurosa y altiva, hoy no te dejas dormir.
Vamos adentrándonos a una habitación, juntas aferradas delicadamente por un hilo blanco.
El frío del pasillo nos golpea las vértebras. Telarañas cristalinas nos abrazan los cabellos.
Conciencia mía, no te sueltes de aquel hilo. No me pierdas, observame por el rabillo del ojo.
Esta todo tan cuajado a veces, en el suelo, despatarrada mi razón.
No hace falta que comprendas mis silencios. No importa si está todo dicho.
El sentir es el eterno encanto del florecer.
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