Mis mejillas arden, el viento les quitó la poca palidez que les quedaban y ahora están enrojecidas de andar a pasos agigantados a través de la plaza, saliendo de ese antro de colores añejos para patear un poco de aire puro. Un poco de realidad no tan tramada y ridícula. Sin duda alguna necesitaba sentir algo que no fuera meramente un chiste, o un dejavu un tanto (para no decir mucho) modificado.
¿Que es lo que me separó esta noche de la mano amiga y la buena compañía? En mi posición egoísta podría decir que fue la poca atención, el haberme dejado sentir tan transparente y a su vez tan sumergida en mi entidad de solitaria introvertida. Sentí una desconexión atroz para con la gente que charlaba a mi lado, sentí la superficialidad en voz del permufe dulce. Callejón sin salida.
Y en ese preciso momento, unas paredes se fueron sumando a lo largo de la paranoia de casi una hora que me sumergí en aquella piel. ¿Era mi piel o era la piel de otra persona?. Esa es la gran pregunta.
Por lo que he entendido uno se compone por varios periodos y desenlaces (Siempre diferentes, pese a las similitudes) para con su entidad. Nunca navegamos en las mismas aguas, a no creer que el río en el que nos sumergimos es siempre el mismo. O no. Cambia constantemente.
Que agobiante, que lúdico a su vez, y que tan poco atractivo posee en definitiva todo esto de lo inesperado tan sospechado.
Supongo que no será la primera vez que esto me suceda, o que a usted le suceda, querido lector.
Será mejor acostumbrarse y respirar hondo ante semejante incomunicación.
Creo a su vez que lo que destelló que yo siguiera de largo fue el claro reflejo del abandono de todo entendimiento. El haberme querido reflejar en unos ojos que ya no me conocen.
Pero como dijo una voz cantora, el mundo es infinito, va y viene. Supongo que lo mismo sucede con las relaciones humanas. Tal vez, esperanzadamente lo digo, algún día esos ojos que me supieron leer vuelvan a leerme con sorpresa y perplejidad. Y tal vez no me agobie con sus preguntas alenguadamente obvias sobre mi estado de animo. (Nótese: no hay nada mas detestable que cuando uno lo pasa mal, el otro se lo haga saber con preguntas como : ¿Esta usted bien?, ¿Le aqueja algo?) carajo, por supuesto que me aqueja, soy un estúpido por pretender, ¿Sabe?, ¿Alguna vez se ha sentido estúpido como yo?.
He aquí donde entra la ira incontenible. Vale aclarar que en otras épocas habría maldecido en la mesa, en su cara y en la de los demás. Pero ya no soy tan valientemente ingenuo. Prefiero marcar la orilla de mi isla, y sonreír a distancia, pedir perdón en silencio a los desconocidos, y a fin y al cabo dar la espalda.
Di profundos domine, que humanidad tan tangible y a su vez tan lejana. Hay tan pocas respuestas.
Tantos errores, o mas bien traspiés.
Si navegamos por aguas constantemente cambiantes, ¿Por qué siempre soñamos con dejarnos llevar por aquella corriente tan bien conocida?. ¿Acaso no sabemos que lo inesperado esta al acecho de nuestros caminos presuntamente bien construidos?, ¿Que a veces por mas que leamos a la gente o a lo que nos rodea, hay algo mas profundo que determina otro inesperado desenlace?. Es como querer escupir al cielo, permanecer quieto, y pretender que por arte de magia un viento arroje nuestro escupitajo en otro lado en vez de nuestra cara, o viceversa.
Muchos miden el infinito como algo totalmente inconcebible, yo lo comprendo como algo real e inesperado al final, o en su principio o en su nudo. Es el sueño, nada es lo que parece y a su vez lo es. Por momentos, pero lo es.
¿Y bien? ,¿Y ahora que?. Apague la luz, buen amigo. Mañana será otro día. Relájese y tómese todo esto como una “patada en el ojo”.
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