El recuerdo es tácito, en medio de la muchedumbre. Un Lunes numero 13 del mes, el señor X se mantiene erguido duramente con un cigarrillo en la mano, en una larga hilera, mientras espera que el tren llegue al anden.
El no quería, pero no pudo evitarlo, el sentir, es sentir. “Nada ni nadie va a salvarte” le dijo una vuelta aquella voz, en los floridos años pasados. ¿Por qué el recuerdo pesa en nuestras mentes mas que cualquier otra cuestión? Digamos que es una parte muy importante en el hilado de la existencia., ¿verdad?. Sino lo es, por favor, refútemelo y espero que sea largamente argumentativo, se aceptan disyuntivas posibles.
Aun así, pese a las campestres ideas entrelazadas que unifican un nihilismo que siendo bien utilizado fomentaria alguna clase de anarquia de la razon, el Señor X; Quién frota sus manos sudorosamente, solo quiere responderse una sola cosa a si mismo.
“El recuerdo debe presenciarse con una templanza casi (para no pedir menos) como uno de aquellos antiguos sabios, como el gran Sócrates. ¡Si, si! Aquello conlleva a dejar que el momento pase, obteniendo un exitoso y bienaventurado encuentro.” ¡Pero cuanta ignorancia disfrazada de temperancia Sr, ¿Acaso no se da cuenta?, de que se quiere librar?, ¿De las caprichosas concecuencias que aparecen o del simple accionar?
Lo que no sabe, Señor X, es que si uno no comprende la dualidad de la cuestión, jamás actuará con verdadera temperancia. Jamás existirá un “momento bienaventurado”, sino más bien un detalle, una visión enérgica del pasado. La cual lo transportara momentáneamente a un estado mental sumamente abrupto y silenciosamente ciego.
Sea de felicidad, como de tristeza. Y con la ignorancia de la fortaleza, estimado colega, jamás se encontrara de sopetón, Ni siquiera se lo cuestionará.
Simplemente pondrá aquel pecho de acero ante la cuestión, y la batallará como un guerrero, un ciego guerrero. Creyendose que ha desmembrado toda cuestión, Exitoso Señor X.
Así usted jamás dudará de la certeza o de la mentira, o si verdaderamente existe alguna de ellas. Y me seguirá mirando con los ojos bien abiertos, al mejor estilo videotape, grabando con delicioso entusiasmo este mismísimo momento.
Lo recordara con un sentimiento enigmático, como un encuentro de suma entrañaza. Hasta se maravillará de la bella complejidad del asunto. Oh si, Señor X, pero jamás se preguntará ni el mas absurdo, ni si quiera en voz baja, ni el mas bello "¿Por qué?".
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