Acantilados subyacentes de las sombras, orillas vecinas y ajenas a mis pies. Interminable coagulación sensorial que dispara como dardos la razón de quien gobierna el cuerpo.
Chorreante mar, tan vivazmente turbulento como la sangre que recorre mis venas. Embravecido, entregado a la eternidad de sus aguas, me implora mimetizarme. El, como el alma partida, envuelve y se lleva hasta lo mas profundo de su entidad, aquello que mas añora. Por mas que sea a la fuerza, se lo lleva.
¡Ah! Injusto y sanguinario, propicio de esta entidad humana.
Océano humano, ancestral y visceral, hermano del viento y de mi locura. Inagotable soberano. ¿Que querrás encontrar al magullarte semejante banquete?, al ingerir tanta basura, tanta paridad, una y otra vez.
Siempre más, lucharemos cuerpo a cuerpo. Fuerza a fuerza, la elocuencia del juego. Oda a la arrogancia del uno, del uno para con el cosmos. Natura.
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