martes, 12 de abril de 2011

Mirando el viento, entra a la mar.

Ella se encuentra sola, en medio de la taciturna tempestad que representan las olas. Aquellas que arrastran superficies eternas, provenientes de otros mundos, de otros tiempos.Besa sus manos, sus propios cabellos. Sueña la amarga soledad de su silencio inamovible.

Ella no sabe a lo que se atiene, a la inmensidad que la abraza a lo lejos. Ni siquiera puede imaginárselo, naturaleza ignorante. Solo se remite a respirar, inhalar el aire compañero y torturador de años.

Alucinante danzarina, entre las aguas que jamás han sido suyas y que tampoco serán de nadie.


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