“Tu nihilismo es tan chato y automático, fiel compañera” susurras al caminar. Aquello tiende a ser meramente insoportable, cuando los colores y las formas sucumben a plenas sombras. Constantemente estamos cambiando de piel, es por eso que ya no escribes. De pronto caes, te vas dando cuenta de que se trata todo esto, de lo luminiscente que en realidad es. Un invierno helado y primavera blanca.
La realidad luminiscente como una primavera blanca, ese blanco que encandila, que se lleva todo, como un nihilismo chato.
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