Sostengo el desierto que se convierte en mis dedos, en los tuyos.Salpicamos la electricidad de la materia, por toda la habitacion.
Nadie puede oirnos, solo él. Minucioso resplandor del hermoso mar de posibilidades. Inagotables, tirantes, andan rugiendo sin cesar a mis costados.
Salados artificios en sus corales, los cuales se clavan pesadamente en la piel. Heridas inevitables, si, cuando uno no puede evitar sumerguirse nuevamente en estas claras cofradías.
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