El dulce crepitar del fuego, va adormeciendose lentamente. Ya no ardo. Prefiero sentir el placer al aferrarme a las raices de esta tierra, al acariciar los suaves paramos con mis ojos, y a sonreir entregando la lucha por algo que jamas se jugará.
No volveré a mirarte a los ojos, ni a pronunciar palabra. A vos, sí, a vos.
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