martes, 10 de mayo de 2011

Refriego fuerte aquella espuma sobre mi cuerpo, detonando en sollozos cuan bomba tirada al mar. Cansada de esta miseria, la misma que hace años arrancó respiro y amor.

La misma que ahora, imposible de articular, se escurre en segundos entre mis dedos arrugados. El encuentro inevitable con la cobardía, no me deja en paz. Nadie comprende esta hambruna, esta fragilidad tan expuesta.

Ahora solo quedan ellas dos, debatiéndose con ánimos este cuerpo, tironean incansables de cuanta piel puedan.

Y yo acá, conciencia, sintiendo el pesar del desierto en este mar. Dejándoles lugar a que se maten entre ellas si quieren, o que me destrocen a mi. Ya no me importa. Ya no habrán pañuelos blancos en el aire, ya no te salvaré de esta guerra, brutalidad nata. Y a ti razón, ya no te volveré a escuchar con tus discursos sobre el maldito conformismo. Me cago en tus conceptos de heroismo, esa maldita tirania que prevalece como un ciego aferrado a tus manos.
Hoy prefiero el dulzor de estos ojos que pesadamente se cierran.

No hay comentarios:

Publicar un comentario